El Tejón

La cascada maravillosa

P1110453Hace mucho tiempo, en una remota zona de Japón, vivía Omi, un leñador muy pobre que cuidaba a sus padres ancianos. A diario salía temprano de su choza, subía al monte y trabajaba toda la jornada, pero ganaba tan poco que no le alcanzaba para mantener a su familia.

Una mañana se dirigió a una loma a la que casi no iban los leñadores. Estuvo trabajando y a mediodía se sentó a descansar bajo un árbol. A unos cuantos pasos estaba echado un tejón bien gordito y profundamente dormido. “Qué buena suerte”, pensó Omi, “hoy cenaremos carne”. Se acercó al tejón para capturarlo, pero se arrepintió. “Es un animal indefenso. Mejor voy a seguir trabajando para ganar un poco más”, se dijo. Para su sorpresa, el tejón despertó al instante.
Veo que eres un buen muchacho, pues no me hiciste daño —le dijo— y te daré un premio. Camina hasta el pino alto que se ve allá lejos y tráeme una piedra lisa y grande que hay junto al tronco.
Omi siguió las instrucciones, trajo la piedra y, cuando la puso en el suelo, quedó cubierta de deliciosos alimentos.
Quisiera llevar todo esto a mis padres —comentó Omi antes de probar bocado.
—No te apures —dijo el tejón— ahora mismo tus padres están disfrutando de un banquete igual.

(…)

Llegando les contó lo que le había ocurrido. La madre le comentó que ellos también habían disfrutado de un banquete espléndido.
Eres tan buen hijo que te acordaste de nosotros —le dijo.
No fui yo —explicó Omi— sino el tejón.

Leyenda tradicional japonesa

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