¡No hay que matarla, es buena!

serp

De chiquita mi abuelo vivía en el campo. Su casa tenía un pequeño estanque, y en el estanque vivían renacuajos y  una serpiente larga y verde que cada tanto se acercaba para tomar un baño.

¡No hay que matarla, es buena!- Aseguraba  mi abuelo.

La serpiente se comía los ratones que se comían su huerta.

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