¡No hay que matarla, es buena!

serp

De chiquita mi abuelo vivía en el campo. Su casa tenía un pequeño estanque, y en el estanque vivían renacuajos y  una serpiente larga y verde que cada tanto se acercaba para tomar un baño.

¡No hay que matarla, es buena!- Aseguraba  mi abuelo.

La serpiente se comía los ratones que se comían su huerta.

Manos al Barro II

P1110689Ayer vivimos la segunda jornada del taller de cerámica que estamos realizando en la UNLA. Nos faltaron los chicos, la lluvia y el barro dejó a los micros varados y no pudieron salir a buscarlos.

Así que el taller arrancó sin caras jóvenes pero con un círculo de ojos cargados de experiencia, los Adultos Mayores del Club de Día UNLA y los integrantes de Papelnonos de Lanús, esperando ansiosos -unos más que otros- alrededor de las mesas. Los chicos se echaban en falta hasta que al rato, parando la oreja medio a hurtadillas, escuché una conversación en la que un participante le comentaba a otra –¿Sabías que los mayores tenemos todas las edades?, porque las vivimos todas…– En ese instante los adultos mayores buscaron en sus adentros el espíritu de chicos y al poco tiempo no quedó nadie con las manos limpias, ni siquiera los menos entusiastas.

La mesa se llenó de adultos mayores, voluntarios, monitoras, coordinadoras, y algún que otro chico espontáneo (los de la colonia recuperan el lunes) que se resistían a parar un instante. ¡Había mucho trabajo que hacer! Realizaron dos piezas, una que terminará en sus hogares y una placa que formará parte de un mural colectivo. Y así, sin siquiera darnos mucha cuenta, surgió un reguero de piezas que, a día de hoy se están oreando. El martes entran en el horno de papel que construiremos, pero eso se lo contamos el martes.

Manos al barro I

P1110584Si les soy sincera, las universidades en donde yo estudié -para ser justa especificaré que todas estaban en Barcelona- me parecieron siempre lugares relativamente cerrados, endogámicos,  llenos de profesores, aspirantes a profesores, y estudiantes adolescentes que, en su inmensa mayoría, recién salíamos de la secundaria y no habíamos acercado ni el dedo meñique al mundo laboral.  De a poco la vida pasó y afortunadamente me tocó salir al mundo real, cada vez más amplio y diverso.

Ayer en la Universidad de Lanús,  a la sombra de los antiguos talleres ferroviarios de Escalada, se dio la primera jornada de un taller que nada tenía que ver con este universo académico que acabo de describir.

Desde hace unos años, la UNLA organiza una colonia de verano para unos 500 chicos y chicas, de entre 5 y 12 años que pertenecen a organizaciones populares.  La iniciativa se propone proteger a la infancia y acercarla a la educación superior. Además de talleres culturales y deportivos, el Taller de Oficio UNLA Patrimonio Histórico ofrece una iniciación en oficios.

En ese mismo marco institucional, el Centro de Adulto Mayor cobija también a los más grandes. En el Club de día y con la ayuda del programa de voluntariado social, los mayores combaten el calor y la soledad poniendo en valor sus conocimientos y experiencia con actividades culturales, sociales y deportivas.

Justo en la intersección entre los más grandes y los chicos encontraron  el lugar ideal para hacernos un hueco a Patria Ceramista. El Centro de Adulto Mayor nos  invitó a dar un taller intergeneracional de iniciación a la cerámica. En cinco jornadas nos proponemos que las y los participantes experimenten todos los pasos del oficio. Ayer fue la primera jornada, preparamos la pasta y engobes que usaremos para hacer las piezas, y las más atrevidas se sentaron un ratito en el torno. ¡El recibimiento fue inmejorable, mañana les contamos cómo sigue esta hermosa aventura!.

Abrir el horno.

forn1Hay un momento muy particular en el proceso cerámico, un momento de nervios, excitación y cierto miedo: el momento de abrir el horno. Para mí, entronca con lo atávico, con esa sensación que queda en el aire después del paso de una gran tormenta. De hecho es tan especial que me pareció oportuno dedicarle estas líneas.

Yo sé que visto desde fuera  les parecerá infantil, pero para cualquier persona que haya llenado un horno de cerámica, el más sencillo y rudimentario del mundo, es así. Lo ves en los rostros de los chicos, los adolescentes y los ancianos. Tiene algo que te remite la infancia, a esa intensidad de sentir, a esa ansiedad nerviosa de cuando una se levanta la noche de reyes lo más pronto posible para abrir los regalos, esa mezcla de sensaciones que a los chicos más chicos les provoca saltitos incontrolables de felicidad.

Tengan presente que la cerámica no es cerámica hasta que se somete a las fauces del fuego. Ahí se produce la magia, ahí es donde se cristaliza todo el trabajo, ahí nacen y se destruyen las piezas, y en raras ocasiones… ¡hasta renacen!

Los no iniciados en el mundo de la cerámica sepan también que la apertura temprana del horno puede ser un desastre mayor, puede hacer añicos las pieza, o alterar para siempre su aspecto… Así que a la incertidumbre hay que sumarle la espera de dejar enfriar el horno hasta el final. Y dependiendo del tamaño del horno puede significar horas, o incluso días. La tentación es tan grande, que a pesar de saber las nefastas consecuencias, incluso habiendo vivido el desastre, a veces sucumbimos y  abrimos un poquito, apenas una rendija para  husmear adentro. ¡Lo que se ve por esa pequeña rendija te cambia la cara para el resto del día!

Esta mañana me tocaba abrir el horno. Otra ventaja del hornito chiquito, a gas, que estoy usando estos días por falta de luz, es que la espera es cortita. Eran pruebas de pastas de barros locales de la zona, un juego para mi hija, nada importante, no crean. Igual estoy feliz…. ¡Ninguna rotura!  Otro día les cuento qué haré con todo eso…

¡Viva la Patria… Ceramista!

409162_196939977062644_164578949_nHace algo más de un año buscaba trabajo y puse mi currículum en las redes públicas. Por suerte nadie respondió a mi petición de empleo, pero me salió al paso una Patria… en este caso Ceramista (de las otras no quiero ninguna más) y les aseguro que el trabajo no me faltó. Déjenme pues que les presente:

Según reza nuestra presentación oficial, «Patria Ceramista es un grupo unido por el amor al noble arte de la cerámica (…) con el objetivo de  transmitir nuestros conocimientos de forma libre y gratuita, a fin de promover el amor a la cerámica y dar a conocer sus infinitas posibilidades. En lo concreto, Patria Ceramista la conformamos Alicia Killian, Gabi Navarro, Clarisa Randazzo, Ricardo Valle, una servidora Anna Fonoll y sobretodo, ese gran número de familiares, amistades, curiosos y espontáneos que suman evento tras evento.

El 2013 fué un año especialmente intenso para Patria Ceramista, de a poco les voy a ir contando…  Por ahora, la  presentación corría prisa porque el 2014 arranca con la misma intensidad. Las próximas dos semanas Patria Ceramista va a estar dando un taller  en la Universidad de Lanús. La experiencia conjugará los participantes del Centro de Adultos Mayores, los chicos y adolescentes del Taller de Oficios del Patrimonio Histórico UNLA y los conocimientos y experiencia de Patria Ceramista y allegadas; todo bajo el paraguas académico e institucional de la UNLA. Por supuesto, ya les contaré.

Mikey, de factoría Burton

mikeyMi hija tiene cuatro años. Me encantan sus dibujos, hace tiempo que estoy pensando cómo hacer para robármelos con mi cerámica. Seguramente la nena no está particularmente dotada (no me pidan que juzgue yo… ¡soy su madre!), pero tienen eso que sólo produce una mente de cuatro años: sintesis, trazos sueltos, fuerza; libertad absoluta.

Cada tanto también baja al taller, agarra un poco de pasta y hace sus creaciones. Por lo general «pincha mucho» -en palabras suyas- o como diría el informe del jardín «experimenta con las texturas». Pero unos días atrás subió corriendo las escaleras, extasiada

– ¡Mirá mamá! ¡Vení, mirá lo que hice!

– ¡¿Qué?!

– ¡Un montón de Mikeys y Minies!

– ¡Uuuauuu, me encantan! ¿Qué te parece si los horneo, los esmalto y los usamos como imanes de heladera?

– ¡¡Sí, sí sí!!! -Dijo entusiasmada.

Pero los tiempos de la cerámica son los que son… y no coinciden demasiado con los de una nena de cuatro años. Cada día me preguntaba por sus Mikeys. ¿Ya están? ¿Pero cuándo estarán, CUÁNDO?…

Estos días estoy haciendo rakú, y viendo que mi hija no podía esperar más me dije -por qué no, después de todo Mikey es blanco y negro-. Lo que mamá ceramista no pensó es que un Mikey procesado en rakú parece más una criatura de Tim Burton que de Walt Disney. Es como si Jack hubiera agarrado al ratón de la Navidad y se lo ubiera llevado a su mundo de pesadillas.

mikeys

Igual no marrugué, cando llegó le dije a los gritos y alzando los brazos, -¡Ya los tengo Emma, ya están!- Y ella salió disparada con los ojos muy abiertos. De a poco se le fueron frunciendo las cejas hasta que, haciendo aspavientos con las manos me reto

– Mamá, tenemos un problema.

– ¿Qué problema? -dije haciéndome la tonta-

– Te dije que eran Mikeys y MINIES, y vos te olvidaste de pintar los moños de las Minies

– Uh, sí, tenés razon… ¿se los ponemos de papel?.

– Sí. Yo te digo cómo son. Son rosas con pintitas blancas. ¡Los Mikeys, están buenísimos!

Y salió disparada con un Mikey en la mano para obsequiárselo a su hermano.

A falta de luz…

hornito de gasEste verano me cortan la luz una o dos veces por día. Será por el calor, será porque cada día hay más aires acondicionados prendidos, será por el daño que hicieron las tormentas… será por el cambio climático… Sea por lo que fuere, un par de veces por día, por una o dos horas estoy sin luz. Y cuando hay, la tensión está bajo mínimos. Pero no me estoy quejando, la verdad es que a mi los apagones en cierto modo me gustan.  Sin luz, sin teléfono, sin internet, sin radio se crea cierta paz en la casa, todos bajamos el ritmo.

Por supuesto el horno eléctrico ni lo toco. Nos miramos de reojo y le prometo que en febrero arranca… pero por ahora estoy en pleno idilio con mi hornito de gas que además me hice yo misma (gracias a un par de donaciones más que desinteresadas). Lo único que le puedo reprochar son sus dimensiones; es chiquito, verdaderamente chiquito -aunque incluso eso me está conduciendo a un nuevo estilo de piezas-.

En un documental sobre Josep Artigas, el hijo del maestro ceramista explicaba que su padre nunca quiso renunciar al fuego, a la llama, en sus producciones.  Ahora que paso las tardes jugando con fuego, entendí que es así, que la cerámica se hace con fuego.